La creciente da una tregua, pero cientos de vecinos siguen lejos de sus casas
Mientras avanzan los trabajos para recuperar la circulación en el camino a Tres Bocas, los vecinos intentan sostenerse en medio de la emergencia
La creciente del río y el avance del agua siguen marcando la vida cotidiana de los vecinos de Puerto Vilelas. En sectores como Tres Bocas, la emergencia se traduce en caminos cubiertos de barro, viviendas anegadas, familias que debieron abandonar sus hogares y otras que, aun con el agua cerca, se resisten a alejarse definitivamente de lo que construyeron durante años.

En medio de ese escenario, se desarrollan trabajos sobre el camino a Tres Bocas para mejorar las condiciones de circulación y permitir el acceso a los sectores afectados. Se realizó un despliegue de maquinaria pesada, la utilización de grandes bolsas para reforzar sectores comprometidos y a los propios vecinos colaborando en la colocación de bolsas de arena para contener el avance del agua hacia las viviendas.
Sin embargo, detrás de cada intervención hay historias familiares atravesadas por la incertidumbre. Walter Romero, está en el terraplén del Parque Industrial, contó que debió sacar a su familia del lugar y que ahora va todos los días para atender sus necesidades. "Estamos un poco evacuados acá. A mi familia ya la había sacado afuera. Hoy vengo todos los días para poder solventar las necesidades de ellos", relató.
El hombre reconoció que atraviesan uno de los momentos más difíciles de la emergencia y valoró los trabajos que se realizan para recuperar el camino, aunque también manifestó las dificultades para comunicarse y recibir asistencia. "Estamos atravesando el único paso feo que ya nos queda. Están arreglando el camino, bien por eso, porque ayuda el Gobierno.



Refugios improvisados y animales rescatados
Otra de las situaciones más complejas se vive entre las familias que debieron abandonar sus viviendas de manera repentina. Rubén Morales y su familia se encuentran alojados en el terraplén del Parque Industrial de Puerto Vilelas, mientras intentan atravesar las consecuencias de la inundación.
"Vinimos acá, a unos 300 metros de El Guinche, a las cinco de la mañana. Y bueno, como toda creciente, sacamos lo que se puede. Se quedó la siembra, quedó bajo agua. Rescatamos nuestros animales y, gracias a Dios, pudimos sacar nuestros perros y las gallinas", contó.
Actualmente, la familia permanece en un refugio armado de manera precaria, con carpas y materiales que recibieron de personas que se acercaron a colaborar. La ayuda de una comunidad religiosa les permitió conseguir algunas chapas y madera para comenzar a construir un techo.


"Estamos acá todos con carpas nomás. Nos donaron hermanos de la iglesia chapas y madera. Vamos a techar porque tenemos nylon, pero no tenemos con qué hacer el techo. Estas tarimas me trajeron los hermanos de la iglesia y con la misma madera y los clavos armamos la estructura", explicó.
En Tres Bocas, uno de los sectores donde la situación sigue siendo delicada, también se encuentra Pascual Alcides Rodríguez, de 74 años. Las imágenes de su vivienda muestran el interior completamente anegado, con el agua cubriendo buena parte del piso y sus pertenencias expuestas a la humedad.

La escena refleja una de las caras más duras de la creciente: casas que quedaron inhabitables, familias que perdieron sus espacios cotidianos y vecinos que deben esperar a que el agua retroceda para dimensionar los daños.
Mientras continúan las tareas sobre los caminos y las familias buscan alternativas para resguardarse, Puerto Vilelas sigue atravesando una emergencia que no se mide solamente por la altura del río. También se refleja en quienes pasan los días bajo una carpa, en los que vuelven diariamente a cuidar sus casas y en aquellos que, con ayuda de vecinos y organizaciones, intentan levantar nuevamente un techo.












